Alberdi apostaba fervientemente a la educación como un eficaz instrumento para el crecimiento: "enseñar al pueblo a crear riqueza es enseñarle a ser fuerte y libre. La riqueza es poder y libertad". Esa es la educación que el pueblo de Sudamérica necesita y no recibe. Educarlo es criarlo y formarlo en la costumbre de la vida que lo hace capaz de llenar su destino social. Esa capacidad no se adquiere con sólo aprender a leer y a escribir, apoyándose sólo en la escuela pública. Pensaba que otra forma de transmitir conocimientos era la inmigración de gente con capacidad. Junto con la importancia que le asignaba al poblamiento como política sustantiva para un país desierto, Alberdi puso un gran énfasis en la calidad de la gente que debía venir.
Cuando analiza el sector de las finanzas públicas, pone entre las causas más importantes de las crisis las políticas de excesivo endeudamiento público: "El crédito es dinero ajeno y nadie es rico con lo ajeno. El que no tiene sino lo ajeno es un pobre que representa a un rico. En realidad la deuda es pobreza. El Estado que gasta y vive del crédito emitido en toda forma de papel cambiable, jamás tendrá rentas ni finanzas".
Sobre el presupuesto anual de recursos y gastos afirma: "La probidad de un gobierno está en su ley anual de gastos públicos. De su conducta económica depende que esa ley sea pergamino de gloria o su cabeza de proceso". Y nos deja esta fenomenal advertencia: "El poder de crear, de manejar y de invertir el Tesoro público, es el resumen de todos los poderes, la función más ardua de la soberanía nacional. En la formación del Tesoro puede ser saqueado el país, desconocida la propiedad privada y hollada la seguridad personal; en la elección y la cantidad de los gastos puede ser dilapidada la riqueza pública".
Fustiga la excesiva dimensión de la planta de personal del Estado. "En Sudamérica, el trabajo de gobernar se ha convertido en trabajo industrial de la parte llamada dirigente de la sociedad, que absorbe -con el pago de sus salarios- la mayor parte del crédito anual del estado. Una sociedad que disipa así sus ingresos, no puede generar progreso".
Elogia la actividad comercial como auxiliar de la producción y de la generación de recursos del erario publico: "El comercio ha hecho nacer la industria fabril y la explotación de la tierra. Ha poblado ciudades y campañas, les ha dado los capitales con que han pagado los salarios. Ha dado valor a sus productos naturales. Un comerciante hace más que diez soldados por la libertad, el poder y la respetabilidad de su país, porque es el que lo puebla, lo enriquece y lo civiliza".
Con igual claridad aborda temas como la globalización, el comercio internacional y la diplomacia. Con relación a los dos primeros sostiene: "Hoy que los progresos han suprimido las distancias, dejando intactas las nacionalidades; la riqueza es, más que nunca, un fenómeno esencialmente universal". Por esa razón "el legislador y el estadista inteligente deben darse cuenta de ese hecho económico y partir de él para la adopción del derecho de gentes y del derecho interno". Esto posibilitará que el comercio internacional sirva para enriquecer a nuestros países por las transacciones libres y frecuentes de sus productos.
Para Alberdi, el brazo de la economía moderna es la diplomacia o política internacional: "Dad buena política exterior y tendréis buenas finanzas". El derecho de gentes moderno es el acto de coordinar las capacidades de los países en el interés de la riqueza y del bienestar común y recíproco.
Respecto de los EE.UU., afirma que imitarlo "es respetar la soberanía nacional, atraer a los europeos por millares, ocuparse de su propio progreso, respetar la prensa libre, no suspender la constitución por ningún motivo, no construir y reconstruir la nación cada cinco años al paladar de cada presidente".
Hace tiempo, el Nobel de Economía Joseph Stiglitz aconsejaba a los argentinos: "No pidan créditos; pidan que les abran mercados". Mucho antes, Alberdi afirmaba en igual sentido: "La economía Política de América del Sud debe favorecer, sobre todo, al comercio internacional y a la industria rural y agrícola, cuyos productos alimentan ese comercio; a convertir en riqueza su producción; a formar su tesoro por la Aduana".
Señalo finalmente algunos conceptos de Alberdi sobre la cuestión tan disputada Buenos Aires vs. Interior: "Buenos Aires y sus poseedores han triunfado, antes como ahora (bajo el virreinato o después del 25 de mayo), no porque representen la barbarie ni la civilización, sino porque han representado y tenido el manejo del poder real que consiste en la riqueza allí concentrada de toda la Nación por la vía de las rentas aduaneras, fundamentalmente. Y lo ejemplifica así: "Sin talento, sin habilidad, sin justicia, Rosas no necesitó más que ocupar esa posición dominante para dominar veinte años a sus adversarios más hábiles que él".
Repaso en mi memoria y no aparece ningún libro de Alberdi en la bibliografía del conjunto de materias que estudié para recibirme de Contador. ¿Seguirá pasando lo mismo hoy?